Sólo cuando era niña me gustaban los tacos, después de adolescente los saqué de mi vida hasta ahora. No uso zapatos ni menos tacos porque a mis 25 años no sé como caminar con ellos puestos. Durante este último tiempo lo único que he usado son zapatillas, las clásicas de la estrellita al costado. Haga frío o calor, siempre van conmigo y creo que mis pies lo agradecen porque se sienten libres y no apretados por una horma que contrae a los dedos y los pone uno sobre otros.
Sin embargo, la felicidad nunca es duradera y hace poco tiempo me tuve que comprar unos zapatos con taco para acompañar a mi novio a la fiesta de fin de año de su empresa, ¡qué caos por Dios! En la tienda, se admiraban de que era una “virgen” de los tacones e incluso me dio un poco de vergüenza, pero después me pregunté: “¿es requisito que una mujer deba saber manejarse con ese tipo de calzado?” Y parece que sí. Así que como la práctica hace al maestro, todo un día anduve de allá para acá con los nuevos zapatos y tratando de no parecer al caminar, un equilibrista en la cuerda floja.
Pero lo que llamó mi atención, aparte del malestar de mis “patitas”, fue que quedaba unos centímetros más alta que mi pareja. Imposible no hacerlo ya que en zapatillas, soy un centímetro más alta y con los tacos que hay en el mercado, de seguro lo iba a pasar. Ante esto me vino la gran duda….y cuando me case….¿tacos o no tacos?
Es un drama, porque siempre los zapatos más lindos son los que tienen el tremendo taco y los que no, tienen un diseño muy convencional y sin gracia. Sé que cuando era más chica, me iba a casar con zapatillas pero ahora ya grande, mi gusto cambió y quiero usar unos lindos zapatitos que le hagan juego a mi vestido. El problema ahora es qué hago con la nueva “altura” que me da usar tacos. Sé que hay hombres que no les molesta que su novia sea más alta, pero este no es el caso, pues no da que la novia mida 1,75 y el novio apenas alcance 1,70. De ahí viene entonces mi gran preocupación de que ponerme en los pies ese gran día. A pesar de que con el tiempo, mi novio ha aceptado la idea de que tenga que alzar un poco vista para mirarme, ¿querrá hacerlo también ese día tan especial? Tampoco da para buscarse un novio más alto ahora, pero ¿qué hacer entonces?
Yo ya lo tenía decidido y le dije que me aceptaba con mis tacos o se buscaba a una novia de 1,50 así no se hacía drama. Pensé que elegía lo segundo por sus expresiones faciales, pero me dijo que estaba bien, que se aguantaba que fuera un poco más alta, sólo un poquito, en el día de nuestro matrimonio. Obviamente, como buena novia que soy, sólo tendrá que “soportar” esa diferencia en el altar, ya que después, cuando mis pies estén gritando “¡socorro, auxilio!” y empiece el bailoteo, los tacones volverán a ser lejanos.
-Columnas anteriores- |